jueves, 7 de mayo de 2015

BABEL

La Torre de Babbel, por Pieter Bruegel el Viejo
Y vio Dios que la gente se agenciaba muy bien edificando, tanto que sus monumentos pretendían tocar el Cielo, sus propósitos hacían temblar las alturas y su velocidad no dejaba lugar a la prudencia ni al escrúpulo. Y vio Dios que en esta soberbia se hermanaban y entendían aun siendo unos de Egipto, otros de Corinto, otros de Creta,  de Belén y hasta del Getafe o del Barça… Y se dijo Dios: “Sembraré entre todos las algarabía y el desarreglo, a ver si aprenden.” Y, dicho y hecho, de la noche a la mañana se pusieron a hablar unos como políticos, otros como banqueros, otros como apañadores de encuestas en incluso como técnicos de la Agencia Tributaria… Y fue tal el guirigay incomprensible que se adueñó del Mundo que desde entonces allí no se entendió ni Dios; también Él se hizo un lío.