sábado, 21 de abril de 2018

FANTASÍA OPUS 12

El afinador de pianos encontró una mañana, en el mecanismo interno del instrumento que afinaba, el diario de doña Sole y, en vez de devolvérselo a su dueña, lo ocultó en su caja de herramientas. La curiosidad lo impulsó a leerlo aquella misma tarde. En aquellas páginas estaban fechadas y comentadas cada una de las visitas y revisiones que él, como afinador, le había hecho a lo largo del tiempo, con el detalle de sus cambios de aspecto sucesivos, sus pequeños retrasos cuando se produjeron y las fórmulas de saludo y despedida que no recordaba haber ido alterando. En total, eran ya nueve años desde que había empezado a afinar aquel piano y en el diario de doña Sole se volvía a ver a sí mismo con el bigote que un día suprimió, con la coleta que dejó de hacerse o con aquellos varios pantalones de pinza, y hasta con la cazadora de leñador que envejeció decolorándose… Sin embargo él no recordaba, así de pronto, el aspecto que tenía doña Sole en cada una de aquellas fechas. Repasó mentalmente y la fue recuperando como había sido: más dulce y sonriente al principio, con prendas aún juveniles; más recargada y provocativa después, con un brillo devastador en los ojos; finalmente, sobria y mustia como en la actualidad. Las anotaciones venían acompañadas de los títulos de las piezas que ella siempre se hallaba tocando cuando él llegaba. Al verlas anotadas de seguido, nota tras nota debajo de cada fecha, reparó en que eran las piezas más apasionadas o intimistas del periodo romántico. Ni se había fijado en eso.

La anotación final, por supuesto, no podía contener referencia alguna sobre aquella última visita, ya que él se había apropiado del diario; en cambio, el último apunte expresaba la confesión de que su propietaria lo había dejado esta última vez bajo la tapa del piano a propósito, como punto final a una pasión que empezó en agradecimiento hacia él por ser la única persona de la que tenía ayuda y estímulo para seguir interpretando la adorada música, sin que él lo supiera; pero fue por su oído y su técnica unidos al afinar, y por la delicada pericia con que trataba a su querido instrumento -con esmero de amante entregado y conocedor- que ella lo fue interiorizando hasta adorarlo despierta y en sueños, del embeleso a la exaltada ilusión, sin importarle delatarse esperándolo ante el teclado con aquellas notas de amor tan descaradamente reveladoras para quien supiera escuchar... Y así año tras año, hasta acabar todo en desengañada tristeza, dispuesta ella a no tocar el piano nunca más después de la Fantasía Opus 12de Schumann con que lo aguardó por última vez aquella mañana.

Las circunstancias no permitían excusa profesional para visitar a doña Sole con la esperanza de que aún no fuera demasiado tarde. Tendría que volver a aquella casa poniendo sobre la mesa todas las cartas de su sorpresa y su interés recién nacido por ella. No era posible que acabara así la historia con la mujer cuya atención por él había sobrevivido al bigote, a la coleta, a los pantalones de pinza o a la cazadora de leñador que envejeció decolorándose sin que a nadie –ni siquiera a él mismo- le hubiera importado un pimiento.

Ilustración inicial: autor desconocido.

Schumann: Fantasiestücke op 12 - Intérprete: Yeol Eum Son