miércoles, 7 de enero de 2015

De Somaly... a Somaly

Somaly Mam. Foto: Luis Magán

"Siempre hace falta un golpe de locura para desafiar un destino" 
(Marguerite YOURCENAR)

Hay personas que fingen su propia biografía. Precisamente con esas vidas falsificadas, emprenden algunas de ellas una trayectoria real de benefactoras con resultados sorprendentes e indiscutibles a favor de las más conmovedoras causas humanitarias. Cualquiera podría preguntarse si, con esa capacidad de promover y organizar acciones admirables, no les habría merecido la pena actuar desde el principio como quienes han sido realmente. Parece que necesitaran la fascinación del engaño como caldo propicio para activar el atrevimiento, la astucia y el magnetismo que se les puede suponer sin conocerlas.

A Somaly Mam (Camboya, 1970) se le concedió el premio Príncipe de Asturias a la Colaboración en 1998 ex aequo con otras mujeres. Este galardón y posteriormente la publicación de su biografía, El silencio de la inocencia, dieron el espaldarazo mundial no sólo a su propia notoriedad sino a la extensión de la ONG que presidía desde hacía años dedicada a la lucha contra la esclavitud y el abuso sexual. Ella personalmente llegó a tener más de cuatrocientos mil seguidores en Twiter y fue entrevistada en los programas de Ophra Winfrey y de Tyra Banks. Cultivó durante un tiempo la relación con Hillary Clinton, con la reina Sofía y con las actrices Susan Sarandon y Meg Ryan, activistas. La revista Time la incluyó en 2009 en su lista de las cien personas más influyentes del año y en 2012 fue invitada a hablar en la Casa Blanca. La directora ejecutiva de su fundación, AFESIP (Acción para las Mujeres en Situación Precaria), contabilizó en cerca de cien mil mujeres y niñas las que fueron ayudadas por la organización, seis mil las personas hospitalizadas por su acción solidaria provenientes de barrios de prostitución y aproximadamente seis mil cuatrocientos estudiantes implicados en la lucha contra el tráfico de personas.

Abrió la primera brecha seria a su credibilidad al afirmar en la ONU que militares camboyanos habían asesinado a ocho chicas en uno de sus centros de acogida. Lo negaron los mandos de la policía y el personal de Naciones Unidas en ese país. El hecho animó al periodista Simon Marks a investigarla: el entonces reportero del diario Cambodia  Daily logró que la revista Newsweek publicara sus investigaciones sobre el terreno acerca del pasado de Somaly. En ellas quedó desmentido que viviera de niña con un hombre llamado Abuelo, tal como afirma en su biografía; que éste la vendiera entregándola en matrimonio y que de ahí pasara a trabajar en un burdel a la temprana edad de trece años sin haber completado los estudios primarios. Los testimonios también desmintieron las historias truculentas que ella cuenta en su libro sobre algunas chicas protegidas por su organización. Los habitantes de Thlok Chhrov, el pueblo de arrozales cerca del río Mekong donde ella pasó su infancia, recuerdan -entre otras muchas cosas diferentes a las que afirma la activista en su libro- que  ésta vivió con sus padres y que acabó los estudios de secundaria en el curso 86-87. No recuerdan a ningún hombre de su familia que pudiera representar la figura del tal Abuelo. En otro frente inquietante, informes de la Policía y declaraciones de su exmarido desmontaron otra historia propagada por Somaly Mam: que la hija de ambos hubiera sido violada en grupo y secuestrada por unos traficantes como represalia por su trabajo en contra de la esclavitud sexual. Al parecer, la chica había escapado con su novio. Como consecuencia de estos reportajes y noticias diversas, la dirección de su misma ONG, ya internacional, encargó a la firma estadounidense de abogados Goodwin Procter una investigación sobre su fundadora, que tuvo como resultado la dimisión de Somaly Mam, inmediatamente aceptada.

A propósito, una de las mujeres que recibieron el premio Príncipe de Asturias en 1998, junto a Somaly, fue la reconocida activista Rigoberta Menchu, premio Nobel de la Paz y autora del libro Yo, Rigoberta Menchu, que también se ha quedado sin explicaciones suficientes ante las falsedades descubiertas en su escrito por el antropólogo David Stoll. Por una parte niega haber mentido y por otra reconoce que el rigor histórico no era su prioridad: "Mi madre fue violada, asesinada (…) si fue o no fue comida por los animales, dejemos trabajar a los investigadores, y puede que la madre comida por los animales sea la madre de otra india.”

De aquí en adelante puedo sospechar que tras cada bienhechor integral hay un impostor o un farsante todavía no descubierto. Yo le encontraría sentido: debe de ser difícil -perteneciendo al género humano- encarnar siempre la justicia y la ejemplaridad sin violentar al menos con la imaginación el barro miserable e incierto que nos constituye. Para situarse del lado de los ángeles hay que travestirse de ángel.