sábado, 9 de mayo de 2015

¿Qué tendrán los escorpio?


Da que pensar que tanta gente coincida en preguntarte si eres Escorpio, incluso en asegurarlo por adivinación o por alguna deducción misteriosa: –“¡Tú eres Escorpio…!”- y como quien te descubre un secreto o te deshace una coartada.
Produce cierta aprensión que tus semejantes, sin tú saberlo, te puedan estar catalogando por el horóscopo, o lo hayan hecho ya sin decírtelo, determinando con ello lo que pueden esperar de ti, incluso el grado de compatibilidad que esperan tener contigo según tu signo y el propio. Produce una vaga desazón de desventaja, ya que uno tiene que forjarse expectativas sobre los demás a base de comunicación y convivencia.
Es como para sentir cierta indefensa desnudez que, sin saber en qué se basan, gestos o palabras, o el simple tono de voz, se produzca invariablemente el fatídico diagnóstico: "Escorpio."
Menos mal que soy Libra.

7 microrrelatos en uno



Me señaló con el dedo y mi cara se hizo huella dactilar.
Me señaló con el dedo y me volví botón de encendido.
Me señaló con el dedo y fui pantalla táctil.
Me señaló con el dedo y mi pelo fue código de barras.
Me señaló con el dedo y se transformó en mando a distancia.
Me señaló con el dedo y traspasó a mi Ángel de la Guarda.
Me señaló con el dedo y todo yo fui una diana.

Instrucciones para matar sombras


Sobre todo, no intente asirlas ni estrangularlas. Sus bordes son los más cortantes y le rebanarían las manos con limpieza quirúrgica antes de que se diera cuenta. Las balas no les hacen mella y su organismo volandero e incierto es inmune al más mortífero veneno. Antes bien, inocúleles de suaves haces de luz, crúcelas con signos fluorescentes y consignas anaranjadas, verdosas, amarillas, que contengan blasfemias, quimeras, hipidos o jadeos. Llénelas de palabras de amor desesperado, de burlas, de diatribas. Procúreles sonrojo, deseo o incertidumbre; écheles encima la escoria y la grandeza de habitar carne y hueso.
No podrán resistirlo

viernes, 8 de mayo de 2015

CONFESIONES

Para Zuleica Casallas

Su tatuaje y el mío no se hablan desde anoche. El de ella prometió seguir queriéndolo sobre las arrugas y las manchas de la edad. El mío le confesó que era pintado.

VIAJAR EN PLENA CRISIS


Mi primo Norberto fue abducido hace unos días. Los extra-terrestres que lo transportaron a su nave no lo transformaron, no le lavaron el cerebro ni le revelaron ninguno de sus planes, pero le cobraron el viaje y la estancia.

jueves, 7 de mayo de 2015

BABEL

La Torre de Babbel, por Pieter Bruegel el Viejo
Para Acoraida del Rosario

Y vio Dios que la gente se agenciaba muy bien edificando, tanto que sus monumentos pretendían tocar el Cielo, sus propósitos hacían temblar las alturas y su velocidad no dejaba lugar a la prudencia ni al escrúpulo. Y vio Dios que en esta soberbia se hermanaban y entendían aun siendo unos de Egipto, otros de Corinto, otros de Creta,  de Belén y hasta del Getafe o del Barça… Y se dijo Dios: “Sembraré entre todos las algarabía y el desarreglo, a ver si aprenden.” Y, dicho y hecho, de la noche a la mañana se pusieron a hablar unos como políticos, otros como banqueros, otros como apañadores de encuestas en incluso como técnicos de la Agencia Tributaria… Y fue tal el guirigay incomprensible que se adueñó del Mundo que desde entonces allí no se entendió ni Dios; también Él se hizo un lío.

martes, 7 de abril de 2015

Última página recuperada. SIEMPRE VIEJO VERDE



Al hombre, con los años, le falla definitivamente la tercera pierna; es como una amputación, una pérdida humillante que el miembro empieza a anunciar, primero, con desfallecimientos ocasionales; después, con más frecuentes alarmas de pasotismo inoportuno, hasta que se recluye para siempre en un retiro filosófico donde recomponer su autoestima.
Entonces queda el bastón como tercera pierna ortopédica, batuta patriarcal, monumento a lo que la tizona fue… cuando atizaba. Un buen bastón, cetro de la veteranía laureada, debe tener cierto punto pirata (como buena pata de palo) y también cierto punto espadachín, gala de tantas gestas de amor aunque no todas fueran victorias.
Con la tercera pierna jubilada, el deseo vuelve a ser un asunto hipotético y fuente de vana curiosidad: un prodigio a desarmar como se despiezaban los juguetes, en una década remota, para desentrañar su secreto; pura materia de palabras prohibidas y siluetas inalcanzables. Y si otra cosa fue, más sensible y jugosa, la memoria no basta para revivirlo.
Como en la infancia, hay que mirar más adentro o más allá, desmontar las carcasa desatornillando o rompiendo, haciendo girar cada pieza para ver qué podrá haber (...qué pudo haber) del otro lado. Tras un cuello o una espalda que anuncian el paraíso perdido, hay que conocer el rostro pese a los obstáculos y más allá del decoro, o haciendo que se vuelva con cualquier excusa o o tomando la delantera para volverse y mirar.
Ya lo decía Berlanga en una entrevista: “Soy viejo verde desde los ocho años”.